Doña Mariquita la Hacendosa. Autora: Grettel Otárola Fallas.

Doña Mariquita era muy hacendosa; limpiaba el piso, lavaba la ropa, lavaba los platos… en fin, no se cansaba de hacer oficio. Y si no quedaba satisfecha, lo volvía a hacer todo.

Esa era la vida de doña Mariquita, mucho oficio y cero diversiones. Los vecinos rechazaban su invitación a visitarla pues desde que entraban en su casa debían limpiarse muy bien los pies y lavarse una y otra vez las manos. Y peor si la invitación era para comer… a ella se le metía entre ceja y ceja que no se habían aseado bien y… de vuelta para atrás. Ya nadie quería visitarla.

Por las tardes doña Mariquita se sentaba frente a la ventana de su sala y miraba cómo los hijos de los vecinos se divertían con el barro cuando caía la lluvia. Aquellas tardes eran interminables…

― ¡Qué sucios! ―decía doña Mariquita.

Y para colmo de males, esto era cosa de todos los días de invierno. Una mañana de tantas, doña Mariquita amaneció muy enferma e intentó ponerse de pie pero no lo logró; se sentía demasiado débil.

Así estuvo doña Mariquita durante varios días y sin animarse a pedir ayuda a sus vecinos. Además, era poco probable que sospecharan que algo le sucedía, pues ella nunca salía de su casa.

¿Quién la iba a extrañar? Si ella nunca salía para no ensuciarse sus patitas.

« ¡Qué sola me siento!» se lamentó.

De pronto escuchó un ruido que venía de la cocina…

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