El barquito de cáscara de nuez.

“¡Cómo me gusta navegar! ¡Cómo me gustaría navegar!”, repite en voz alta Percy mientras contempla extasiado el mar y moja sus patitas en la playa en la que juegan alborotadamente unos chicos.

“Pero yo quiero navegar mar adentro, lejos, muy lejos, llegar… ¡a los mares del sur!

Es un mosquito aventurero que quiere conocerlo todo, aprenderlo todo, vivir, reir y disfrutar… ¡ah! y también enamorarse.

Cerca de él, Mirta, la ardilla, observa y escucha, no sabe como ayudar a su amigo pero desea con todas sus fuerzas poder hacerlo. “¡Ideal! Construiré para él un barquito con una cáscara de nuez. Le pondré velas de colores con palitos y trocitos de papel”.

Mirta corre hacia el nogal más cercano y busca, busca la nuez más grande, más resistente y más brillante. La parte con mucho cuidado para que no se rompa, se come golosa el fruto y empieza con energía a trabajar en su astillero privado. Ha tardado varios días en terminar su obra, pero “¡Qué ma-ra-vi-lla!”, se dice a sí misma, contemplando la embarcación. “Dentro de poco será el cumpleaños de Percy y le voy a dar una magnífica sorpresa”.

En la fiesta están todos los amigos del mosquito, entra escandalosamente la ardilla y ¡ta ta channnn! muestra su paquete envuelto en papel de celofán y con un gran lazo.

Percy se queda pasmado. Podrá navegar y llevará en su barco gotitas doradas de miel para obsequiar a alguna mosquita coqueta que encuentre en el camino y a la que pueda enamorar.

“¡Gracias, muchas gracias, Mirta!”.

En primavera Percy se hace a la mar. Es un buen timonel, el vaivén de las olas le produce el mismo vértigo divertido del parque de atracciones de su ciudad.

El cielo se obscurece. ¿Ummmmm? Tormenta. Percy canta animoso para no oír los truenos y aunque se moja, ríe y ríe mientras rema con toda sus fuerzas.

Casi está arrepentido de su loca aventura pero sigue remando y canta sin parar. Sale el sol, qué cielo tan azul, se deja acunar por el oleaje que le adormece.

“¿Hacia dónde vas tan solo?”, una voz susurra junto a él.

“Solamente a navegar sin parar, en el mar es lo mejor”.

“¿Podría acompañarte?”.

“Estoy soñando, ¡no puede ser cierto!”.

Una mosquita juguetona que no tiene nombre revolotea a su alrededor.

“Pues claro que puedes y te daré, si te quedas, doradas gotitas de miel que llevo para tí”.

¡Ahhhh! Y si veis algua vez en el mar una cáscara de nuez, es el barquito de Percy que sigue su aventura navegando sin parar en compañía de la mosquita coqueta y juguetona que no tiene nombre.


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