Jaimillo el mandadero. Autor: Oscar Contreras (Osco)

Nuestro amigo Jaimillo era el mandadero de la casa; sin embargo, disfrutaba mucho ayudar con los encargos. Iba muy contento a la pulpería a comprar leche, huevos, sal y azúcar; a la panadería por pan y a la carnicería por carne. Y también, como era un gran enamorado, de vez en cuando se daba su vueltilla por la floristería, pues suspiraba por la hija de la dueña, una güila muy linda, pero también terriblemente antipática, llamada Teresita.

Jaimillo tenía una hermana mayor llamada Jacinta y una hermana menor llamada Sinforosa. Jacinta, quien era muy trabajadora y esforzada, a diario necesitaba pedirle a Jaimillo que le ayudara con los mandados. 

Por su parte, Sinforosa, la hermana menor, quien era una gran vagabunda, se burlaba todo el tiempo del pobre Jaimillo, pues este nunca paraba en la casa por hacer de mandadero.

Jacinta, como de costumbre, le pedía a su hermano hacer los mandados del día y Jaimillo, cada vez que podía, no lo pensaba dos veces para pasar a echarle un ojillo a Teresita, quien, en medio de su arrogancia, ni siquiera con una sonrisa le correspondía.

Un día de tantos, Jaimillo amaneció con un calenturón que ni se imaginan y fue cuando Jacinta le pidió a Sinforosa encargarse de los mandados de ese día.

Después de mucho reclamar, al final Sinforosa aceptó y a regañadientes se dispuso a hacer de mandadera. La torta fue que como durante toda su vida no había hecho más que vagabundear y burlarse de Jaimillo, cuando salió a hacer los mandados, se le hizo un arroz con mango en la cabeza y pidió carne en la panadería y pan en la carnicería.

Y como tampoco sabía por qué carajo Jaimillo iba siempre a la floristería, se fue hasta ahí y a la orgullosa Teresita le pidió que le vendiera leche, huevos, sal y azúcar.

Teresita, sumamente enojada al creerse víctima de una broma pesada y por orgullosa y no preguntar, le gritó mil insultos a Sinforosa, quien con la cabeza baja por la vergüenza, regresó llorando donde sus hermanos con las manos vacías por no saber hacer los mandados.

Cuando Jaimillo a Sinforosa vio llegar y al enterarse de lo que le había sucedido, decidió nunca más por la floristería pasar, para bajarle la arrogancia a Teresita y así darle su merecido.

Porque, cómo Jaimillo decía siempre, antes que cualquier cara bonita, está la familia, porque… la familia es lo primero, y de esta manera les conté otra historia de Jaimillo, esta vez, de mandadero.

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