Juanito y sus tesoros. Autora: Grettel Otárola Fallas.

Juanito salió de su casa arrastrando los pies. Se sentía triste, no había nadie con quien jugar en el barrio. Todos estaban en la escuela. El no había podido ir a clases ya que una enfermedad lo postró en cama.

Pero nada más decir el doctor que ya estaba fuera de peligro y Juanito saltó de su cama rumbo a la calle, pero no había nadie; todos estaban en la escuela.

Se sentó en la grada de la entrada de su casa y se dijo:

− ¿Qué puedo hacer, con quién voy a jugar? –

De pronto recordó que dentro de su bolsillo tenía un gran tesoro, no de dinero, sino de cosas que había encontrado en la calle, las cuales para él eran valiosísimas.

− ¿Qué encontraré primero? – se preguntó mientras metía la mano en el bolsillo. Y encontró una pelota de tenis sucia y vieja.

− Qué podré hacer con esto? – Se preguntó. Y echó a correr su imaginación. Vio una pelota gigante y él sobre ella. Se imaginó que podía recorrer el mundo entero subido en la gran pelota.

Muy divertido recorrió países y conoció muchas personas.

Cómo disfrutó Juanito en su gran pelota.

− ¿Qué otro tesoro encontraré en mi bolsillo? – Se dijo.

Metió otra vez su mano y encontró una resortera. Echó de nuevo a correr su imaginación y se hizo una resortera inmensa; se acomodó en la gran liga y permitió que la resortera lo lanzara por los aires.

− ¡Qué divertido! – Decía.

Veía a las nubes y a los pájaros y hasta pudo tocar un avión. Fue maravilloso. Juanito sintió que le salían alas y reía y reía sin parar. No podía explicar lo que experimentaba. Se sentía libre como el viento; la resortera gigante lo había lanzado tan fuerte que Juanito no dejaba de volar.

De pronto sintió que algo lo movía, algo lo sacudía ligeramente.

− ¿Qué será? – Se preguntaba.  – No he sacado más de mis tesoros del bolsillo.

De repente escuchó que alguien le decía

− Es hora de tu medicina, Juanito.

− Todo había sido un sueño. No estuve sobre una pelota enorme, no hubo resortera gigante, sólo fue un sueño.

Juanito aún estaba en su cama igual de enfermo y no había salido nunca de su casa, pero le bastó. Aquel sueño lo hizo sentirse bien y libre.

− ¿Querés que te lea un cuento? – Le dijo su mamá.

− No, mamá− Dijo Juanito. – Debo dormirme de nuevo para seguir jugando con mis tesoros.

Y cerrando de nuevo los ojos, Juanito continuó soñando.

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