La canción más bonita. Autor: Max Bolliger.

Erase una vez un rey.

El rey tuvo un sueño.

Vio un árbol y en el árbol había un pájaro que cantaba una canción.

Al día siguiente el rey hizo llamar al pajarero.

Le dijo: «Tuve un sueño. Vi un árbol y en el árbol había un pájaro que cantaba una canción. Ve y atrapa el pájaro para mí».

«De acuerdo, mi Señor», dijo el pajarero.

«¿Qué clase de pájaro es?»

Pero el rey no lo sabía.

«Ve y búscalo», le ordenó.

«Te doy de plazo siete días».

El pajarero se asustó pues temía el enojo del rey. Cogió su flauta y su red y se fue al jardín. Se escondió detrás de un muro y tocó la canción del mirlo. Y cuando el mirlo salió de su nido, lo cazó con la red, lo encerró en una jaula y se lo llevó al rey.

«No», dijo el rey, «este no es».

El segundo día el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó al campo. Se escondió detrás de una cerca y tocó la canción de la alondra. Y cuando la alondra salió de su nido, la cazó con la red, la encerró en una jaula y se la llevó al rey.

«No», dijo el rey, «este no es».

El tercer día el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó al río. Se escondió detrás de una piedra y tocó la canción de la oropéndola. Y cuando la oropéndola salió de su nido, la cazó con la red, la encerró en una jaula y se la llevó al rey.

«No», dijo el rey, «este no es».

El cuarto día el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó al bosque. Se escondió detrás de un árbol y tocó la canción del tordo. Y cuando el tordo salió de su nido, lo cazó con la red, lo encerró en la jaula y se lo llevó al rey.

«No», dijo el rey «este no es».

El quinto día el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó a la linde del bosque. Se escondió detrás de un arbusto y tocó la canción del reyezuelo. Y cuando el reyezuelo salió de su nido, lo cazó con la red, lo encerró en la jaula y se lo llevó al rey.

«No», dijo el rey, «este no es».

El sexto día el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó al parque. Se escondió detrás de un pozo y tocó la canción del ruiseñor. Y cuando el ruiseñor salió de su nido, lo cazó con la red, lo encerró en la jaula y se lo llevó al rey.

«No», dijo el rey, «este no es».

Pero al séptimo día el pajarero no sabía ninguna canción más. Se fue delante del palacio y no se escondió. Cogió su flauta y tocó su propia canción.

«Será la última vez», pensó, «pues el rey me meterá en el calabozo y me quitará mi flauta».

Y tocó maravillosamente, como nunca lo había hecho antes.

El rey, que estaba desayunando, soltó tenedor y cuchillo.

«¡Esta es la canción!», gritó. «¡Esta es la canción que escuché en el sueño!»

Enseguida mandó llamar al pajarero. «¿Dónde está el pájaro?», le preguntó.

«No es ningún pájaro», le contestó el pajarero, «es mi propia canción».

«¿Tu propia canción?», le preguntó el rey y se asombró.

Quiso oírla otra vez. Y de tanta alegría organizó una fiesta.

Y después dejó en libertad otra vez a todos los pájaros y, naturalmente, al pajarero también.


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