May Fren. Autor: Carlos Luis Sáenz.

Yon Braun,

Como eras negro, el único negro que vivía en la ciudad; como eras negro, mi padre me enseñó a decirte adiós en negro:

—Gud bai, míster Braun.

Pasabas todos los días, mañana y tarde, con la gran canasta de pan a la espalda y yo no faltaba en la puerta de mi casa, atisbándote, para decirte en cariñoso negro:

—Gud bai, gud bai.

Sonreías al pasar —sonrisa de dientes blancos—; te hacía gracia el niño sin miedo a tu persona, y le enseñaste a completar aquel adiós con dos palabras plenas de humanidad:

—Gud bai, may fren.

Papá me tradujo el may fren. Desde entonces ya no entendía por qué los otros chicos de la pandilla del barrio, siempre que se referían a un negro lo llamaban con desprecio un may fren.

Me hice amigo tuyo, may fren, míster Braun.

Por las tardes averanadas de noviembre y diciembre, me iba contigo a la Calle Real a encumbrar tu barrilete tronador. Bueno, yo no lo encumbraba; lo encumbraba may fren. Ya en el cielo, alzado con buen viento, más arriba de la torre, bañado de sol, cercano a los celajes, todo vibrante y tronando, me dabas a tener la cuerda de manila gruesa que lo sujetaba, por mi mano, a la tierra. ¡Qué bueno, pero qué bueno may fren! Me envidiaban los otros: a ellos no les prestaba la cuerda del encumbrado barrilete de manta lavada. Ese era un honor reservado sólo para mí. Por supuesto, pues yo era amigo de may fren. Yo le decía gud bai; yo lo esperaba en la puerta, para hablarle en negro.

— ¿Pero de veras era negro may fren?

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