Una patota muy patotera. Autora: Micaela Gelpi.

Garabato y Garabata tenían su casita justo arriba de una pata, pero no era de esas patas a las que les gusta salir a caminar por la arena tibia los días de calor o aquellas a las que les encanta chapotear en las zanjas embarradas los días de lluvia, y también era muy diferente de aquellas que disfrutan de bailar poniéndose zapatos raros los días de carnaval.
A esta pata no le gustaba nada, nada de eso porque ella era una “pata patotera”, a la que le alegraba ir a la cancha con bombos y platillos a alentar a su gran equipo, y cuando se enojaba le encantaba dar pisotones a los que la molestaban.
La verdad que para Garabato y Garabata no era fácil vivir arriba de una patota bochinchera y sin chimenea, aunque allí tenían su casita.
Un día cansados de escuchar una y mil veces sonar el bombo en una final de los Pie Grande contra los Pulgarcito, Garabato Y Garabata comenzaron a pensar en mudarse de pata.

– Podríamos vivir en una pata a la que le guste salir a caminar por la arena tibia los días de calor- dijo entusiasmada Garabata.

-Pero no!!- le respondió preocupado Garabato- si la arena en lugar de estar tibia se encontrara caliente daríamos un salto tan grande, que terminaríamos viviendo arriba de una nube. Pero ya sé!! Podríamos vivir arriba de una pata a la que le encante chapotear en las zanjas embarradas los días de lluvia.

-Pero no!!- le respondió preocupada Garabata- tendría que pasar todo el día limpiando los restos de barro que quedarían en las ventanas. Pero ya se!! Podríamos vivir arriba de una pata que disfrute bailar poniéndose zapatos raros los días de carnaval.
Pero al pensarlo mejor los dos se dieron cuenta que sería demasiado movedizo y estarían todo el día mareados, como aquellas personas que se toman una copita de más los días de fiesta.
Pensaron, pensaron y siguieron pensando un día entero ,pero ninguna pata los convencía tanto como su Pata patotera, que aunque era bochinchera y sin chimenea, era el lugar donde todas las tardes se juntaban a tomar solcito en la vereda.
Y patatín patatero a este cuento… se lo llevó un tero.

Fin

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